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La Bota de Oro y los goleadores olvidados de siempre

Luca Toni Fiorentina
Luca Toni celebra un gol en su época con la Fiorentina.

El gol se mira con dos lupas bien distintas. Los más exigentes, amantes del arte, miden la belleza y la dificultad. Luego están los que solo atienden a las estadísticas. ¡Qué más da el cómo, importa el cuánto! Para lo primero está el Premio Puskas, uno de los galardones más subjetivos. Para lo segundo, la Bota de Oro, premio a la eficacia.

En función de la competición, se premia en mayor o menor medida cada gol anotado. Un gol en las cinco grandes ligas europeas tiene más valor que en la Primeira Liga de Portugal o la Jupiler Pro League de Bélgica, entre otras. Con los Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Luis Suárez, Diego Forlán o Thierry Henry aparte, fueron también máximos goleadores del continente otros que no parecen tener tanto hueco en la memoria. La Revista Libre Directo repasa aquellos futbolistas olvidados que en su momento tuvieron repercusión en el fútbol europeo:

Kevin Phillips

La revelación de la temporada 1999/00 tiene el sobrenombre de ‘Super Kev’. El delantero inglés sumó 30 goles en 36 partidos y estuvo a un punto de meter a un Sunderland recién ascendido a la Premier League en puestos europeos. La exquisitez de su pierna derecha era de colocarla en la escuadra sin piedad. Hábil dentro del área y disfrutón del merodeo en la frontal. Mario Jardel, Salva Ballesta o Andriy Shevchenko vieron cómo un desconocido y emergente nueve les arrebataba la Golden Shoe.

Luca Toni

Con la derecha, con la izquierda, de primeras o controlando. Si se la pones a la cabeza, entonces gol seguro. Nunca un jugador de 1’93 hizo tan rentables sus movimientos en el área. El italiano Luca Toni se llevó la Bota de Oro por sus 31 goles con la Fiorentina en la 2005/06, por delante del gran Tití Henry. Más de la mitad fueron testarazos y solo uno desde fuera del área. Metió el 46,9% de los goles de la Fiore en la Serie A. ¿Tonidependencia? Para nada.

Nikos Machlas

Primer y único jugador griego en lograr tal proeza. Nikos Machlas arrasó en 1997/98 con las porterías rivales en el Vitesse de la Eredivisie. Sus 34 goles fueron más que suficientes para convertirse en Bota de Oro. El oportunismo y la licenciatura de rematador puro definían sus dotes para el gol. Era un estereotipo de la Grecia futbolera cumplido: gran cabeceador, sin florituras ni gran manejo de balón, simplista. Recibir y definir, para qué más. Y así se convirtió en semidios helénico e ídolo de la afición Arnhemmers.

Henrik Larsson

El carisma que todos quisieran tener le venía de serie. O se lo curró él a base de sacrificio y goles, muchos goles. 242 en 313 partidos con el Celtic de Glasgow, donde se hizo a sí mismo un mito del conjunto escocés. Considerado por afición y club el mejor futbolista extranjero de su historia, alcanzó la cima de la admiración en la temporada 2000/01. Teniendo muy en cuenta que en la liga escocesa los goles tienen menos valor, el sueco le quitó la Bota de Oro al mismísimo Hernán Crespo por medio punto. Henrik Larsson convirtió 35 goles aquella temporada, que completó con un triplete a nivel de club.

Trabajador como el que más, con desparpajo, velocidad, gran pegada, buen remate de cabeza, genio del desmarque y oportunista descarado. Todo ello sin una altura, corpulencia ni calidad técnica sobradas. Todos querían un Larsson en su equipo. En el FC Barcelona siguen recordándolo con nostalgia.

Mario Jardel

El ariete brasileño es el único de la lista en ganarla dos veces. Primero en 1999 con el Oporto, club donde anotó más goles (130) que partidos de liga (125). Tras pasar por el Galatasaray y ganarle una final de Supercopa de Europa al Real Madrid, volvió a Portugal para sumar 42 dianas en el Sporting de Portugal y revalidar el trofeo en 2002. Sin ir sobrado técnicamente, era un rematador letal con un don para cabecear desde cualquier ángulo. Sus méritos no estuvieron a la altura de su reconocimiento, a pesar de los dos trofeos nunca estuvo entre los 23 finalistas para el Balón de Oro.

Su vida personal acabó condenándolo al exilio físico y psicológico. Ruptura con su pareja, respaldo en el alcohol, coqueteo con las drogas… un camino que lo alejó de la élite.  A Jardel le sobraban goles y le faltó fuerza mental para mantenerse. Tras ganar su última Bota de Oro, firmó por 15 equipos en 8 años. ‘Super Mario, su apodo, se empequeñeció paulatinamente hasta su retiro en 2011.

 

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