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Jorge Lorenzo: adiós a un piloto que marcó época

Jorge Lorenzo
Jorge Lorenzo participó por última vez en el GP de Cheste | Foto: EFE

Jorge Lorenzo anunció el pasado viernes su retirada. Y desde entonces, el motociclismo se encuentra húerfano. Se ha quedado solo de un piloto de esos que nos levantaban de la silla y que nos hacían vibrar con cualquier curva y adelantamiento. Lo mejor de todo es que Jorge decidió «bajarse» de la moto a lo grande, participando en el último Gran Premio de Cheste, muy cerca de su Palma de Mallorca natal.

Jorge Lorenzo luchó siempre con los grandes

La luz del universo, tragedia, soneto y verso, sobre todo canto, el himno del sueño… Y como el himno de un sueño resonaron las palabras de Jorge Lorenzo al anunciar que nos decía adiós para siempre. En un mundo tan apasionado como el del motor a dos ruedas, en el que se crean tantas filias y fobias, furibundos detractores y seguidores; en el que para competir al máximo nivel es prácticamente imposible hacer amigos en el paddock, Lorenzo nunca fue una excepción, pero sin ningún género de duda fue uno de los mejores pilotos de su época.

De una época en la que cuatro magníficos sellaron lo inolvidable, especialmente tres de ellos, por osar pelearle en pista a Valentino Rossi lo que por magia y hegemonía le pertenecía. Stoner, Pedrosa y Lorenzo, una lucha sin tregua ante el ‘Doctor Honoris Causa’ del motociclismo, y toda una generación deleitándose ante semejante desafío.

Jorge se marcha en un momento duro, pero como un gran campeón, siendo honesto consigo mismo y con el que hoy es su equipo: Honda. Porque siempre buscó la excelencia, de ahí sus dieciocho años en el Mundial, los cinco títulos mundiales de su palmarés, las 68 victorias, 47 de ellas en la categoría reina. Toda una vida -desde los tres años con su padre Chicho como mentor- a lomos del caballo salvaje, del carenado de una máquina con varios motores y equipos, pero un solo rugido.

El que para el nº 99 –sexto piloto con más victorias de la historia del motociclismo, sólo superado por leyendas como Agostini, Rossi, Márquez y Hailwood– portó con honor los colores de Yamaha (2008-2016), Ducati (2016-2018) y Honda.

“Me pone orgulloso y feliz que todos estéis aquí. Significa mucho para mí. Siempre he creído que hay cuatro días que son los más importantes para la vida de un piloto. El primero es cuando debutas en el Mundial, el segundo cuando ganas tu primera carrera.

Después está cuando ganas tu primer Mundial, algo que no pueden hacer todos y luego está cuando anuncias tu retirada. Como podéis imaginar ese día ha llegado para mí y estoy aquí para anunciar que esta será mi última carrera en MotoGP y que tras ella me retiro como piloto profesional».

LA LLEGADA DEL CUARTO DÍA

En el cuarto día Lorenzo habló de que en estos últimos tiempos, en los que sus vértebras saltaron por los aires, no se veía capaz de escalar esta montaña. Y lo hizo certeramente, porque como los alpinistas, en el mundo del deporte puede que no exista otra especialidad en la que se ponga tanto en riesgo la integridad física, la vida del deportista.

Tan solo por esa circunstancia, que les debe y debería unir a todos, el respeto más absoluto a la totalidad de los pilotos, desde el que jamás consiguió un solo punto, hasta el que los consiguió casi todos.

Dicen los pilotos que la adrenalina que sienten al correr es como el latido de un corazón que es motor y se desata en cada curva, cada frenada, cada adelantamiento, con el cuchillo de las ruedas marcando las trazadas y cortando el viento.

Una historia de lucha que les acerca a la eternidad, arriesgando la vida al filo de una tumbada imposible. Y como nadie está exento de las derrotas, ahora que Jorge no se siente capaz de seguir al máximo nivel, de llevar la competitividad, al filo del funambulismo, lo verdaderamente importante es conocer las razones por las que se está luchando.

Jorge Lorenzo, segundo campeón español de la categoría reina tras Crivillé, considera con buen criterio que ya luchó lo suficiente, y todo pese a que su segundo apellido es Guerrero y a su ya reconocida ‘alma espartana’. Como el 100% de los pilotos tiene trazado el mapa óseo de los circuitos, en un cuerpo lleno de clavos y cicatrices. Lleva tatuado en su piel el asfalto de las caídas y en su corazón la bandera a cuadros que le despedirá para siempre en el Ricardo Tormo de Cheste.

Pura poesía de Píndaro, la de un arte complejo, que cantó y contó hazañas de un rugido de motor destinado a sobrevivir al tiempo. Pura retórica y recursos estilísticos destinados a comparar al deportista con el mito, proclamando la inmortalidad de su nº99.

Por todo ello, gracias Giorgio, X Fuera y por dentro, pues pese a que la personalidad del piloto balear creó filias y fobias, en el momento de su retirada solo cabe una posible respuesta, por su puesto en forma de sinécdoque: Simplemente para quitarse el casco y ponerse de pie sobre la moto, para alzar su bandera pirata, aunque sea con parche en el ojo y pata de palo…

 

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